sábado, 25 de enero de 2020

Empezar o continuar

No sé por qué, pero de alguna forma siempre me he sentido atraída por la creación de blogs, a pesar de que nunca he sido constante con ellos, y a la larga me he avergonzado de lo que he escrito y lo he borrado del espacio tiempo. Quizá sea masoquista, pero de nuevo he decidido abrir un blog. Me he pasado meses, mirando el botón de "nueva entrada" sin ser capaz de hacer clic, pero por razones desconocidas ahora mismo he encontrado el valor para escribir esta primera entrada.

Es extraña mi dualidad con respecto a este mundo del bloguero internauta, por un lado me encanta la idea de tener un espacio en internet, algo más extenso y no tan expuesto como las redes sociales, pero por otro, debato con la idea de que no tengo necesidad de compartir cosas públicamente. Siempre dualidad, y siempre dos extremos entre los que mi estrategia de supervivencia es la parálisis. 

Aún no tengo muy claro cuál va a ser exactamente el contenido de este blog. Mis primeros blogs eran simples diarios de adolescente en los que narraba principalmente las ocasiones relevantes en mi vida, lo que a la larga me aburría y me desmotivaba, pues no eran numerosas las ocasiones que consideraba dignas de compartir por aquí. En esa etapa, más que compartir cosas, quería generar en mis blogs una imagen de la vida que me hubiese gustado tener y no tenía.

También pasé por la etapa de intentar tener un blog literario, que poco tiempo después quedaba abandonado, pues aunque me encanta leer, mi ritmo de lectura ha variado muchísimo a lo largo de mi vida. También cabe mencionar lo inepta que me siento a la hora de analizar los libros y dar una opinión objetiva de lo que opino de lo que leo, primero por pereza, y segundo porque creo que nadie va a estar interesado en mi parcial y subjetiva opinión sobre un libro X que se me ha ocurrido leer.

Otro tipo de blog que he tenido ha sido el "compendio de consumo"; se trataba de acumular en las entradas, a través de fotos y descripciones, series, películas, libros, música, compras, etc. El único pro era el poder recordar cosas, de las que meses después ya ni me acordaba que había visto, oído o comprado. Los contras eran más, entre ellos que el contenido de las entradas era muy frívolo, y para no variar, finalmente perdía la motivación y lo abandonaba.

Por último, me animé ha hacer un blog en el que recogía pensamientos sueltos, de hecho lo titulé "mi pensadero". Era más auténtico que los anteriores, pero la falta de inspiración me abandonaba recurrentemente, y muy a mi pesar también lo borré. De todas formas considero que el contenido tampoco era tan relevante e inspirador como exigían mis estándares perfeccionistas (también conocido como autoboicot).

Creo que a grandes rasgos queda explicado mi recorrido por el mundo bloguero; ¿por qué me empeño en hacer otro blog? pues porque hay asuntos en los que quiero procrastinar y la excusa del blog me viene de lujo, además también porque me apetece y es gratis, y ¿por qué no?...


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